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Prevenir recaídas

Volver a consumir no borra lo avanzado. Se puede prever, se puede frenar y se puede aprender de ello. Aquí tienes cómo se gesta una recaída y cómo preparar tu propio plan.

Foto: Ksheera Piraati · CC BY 4.0

Si has vuelto a consumir, no has perdido todo lo avanzado

Primero, comprueba que estás a salvo. Después, contacta cuanto antes con tu profesional, tu centro de tratamiento o tu persona de apoyo. Una vuelta al consumo puede indicar que necesitas revisar el plan, los desencadenantes o el nivel de apoyo. No tienes que afrontarlo a solas.

Para el NIDA, cuando reaparece el consumo hay que retomar o ajustar el tratamiento, no darlo por perdido. Algo parecido ocurre en otras enfermedades crónicas, como la hipertensión o el asma, en las que los síntomas también reaparecen y obligan a ajustar el tratamiento.

Tras un tiempo sin consumir opioides, la misma dosis de antes puede ser mortal.
  • Según el NIDA, la recaída se da en el 40-60 % de las personas tratadas por trastornos por consumo de sustancias, frente al 50-70 % en la hipertensión y el 50-70 % en el asma. Es una comparación de cronicidad, no una tasa fija para cada caso. (NIDA · Tratamiento y recuperación)

Un desliz no es una recaída

Un desliz es un consumo puntual después de un tiempo sin consumir, seguido de una vuelta al plan. La recaída es volver al patrón de consumo problemático. Conviene distinguirlas, porque lo que ocurre después del desliz decide mucho.

Tras un desliz es frecuente pensar «ya lo he estropeado todo, no tengo remedio». Ese pensamiento de todo o nada, que los psicólogos Marlatt y Gordon llamaron «efecto de violación de la abstinencia», es justamente lo que convierte un desliz en una recaída. La alternativa es otra frase: «ha pasado algo; paro, me protejo, pido ayuda y analizo qué ha ocurrido».

Camino rural que se abre entre campos y una fila de árboles bajo un cielo rosado al amanecer
Foto: Dietmar Rabich · CC BY-SA 4.0

La recaída es un proceso, no un instante

Rara vez se vuelve a consumir de repente. El modelo de Melemis describe tres fases que pueden reconocerse a tiempo (no todas las personas las recorren igual):

  • Fase emocional: todavía no se piensa en consumir, pero uno deja de cuidarse. Aislamiento, emociones que se guardan, faltar a las citas o a los apoyos, dormir y comer mal.
  • Fase mental: aparece la lucha interior. Se recuerda el consumo con nostalgia, se minimizan las consecuencias, se negocian excepciones («solo hoy»), se miente o se buscan ocasiones.
  • Fase física: se produce el consumo. Puede quedarse en un desliz o volver al patrón anterior.

Situaciones de riesgo

Estas situaciones no empujan de forma automática, pero conviene tenerlas identificadas y preparadas:

  • Emociones difíciles: ansiedad, tristeza, rabia, frustración, aburrimiento, vergüenza o vacío.
  • Conflictos con otras personas: discusiones, rupturas, problemas en casa o en el trabajo.
  • Presión social: que te ofrezcan, sentir que tienes que encajar o ver a otros consumir.
  • Señales del entorno: lugares, personas, horas, dinero, música u objetos asociados al consumo.
  • Estrés acumulado.
  • Exceso de confianza: «ya lo controlo», dejar el tratamiento o las rutinas, «probar» si se puede.
  • Una vida desequilibrada: demasiado trabajo, poco descanso, ninguna actividad que llene.

La regla HALT: hambre, enfado, soledad y cansancio

HALT son las iniciales en inglés de cuatro estados que aumentan la vulnerabilidad: hambre, enfado, soledad y cansancio. Es una comprobación rápida para hacerse varias veces al día: ¿necesito comer?, ¿necesito calmar el enfado?, ¿necesito hablar con alguien?, ¿necesito descansar?

HALT no es un diagnóstico ni una terapia: funciona como una alarma para poner en marcha lo que ya tienes preparado. Si el deseo es muy intenso, si hay riesgo de sobredosis o pensamientos de suicidio, el autocuidado no basta: hace falta ayuda urgente.

Tu plan personal

Un plan funciona si está escrito, si lo conoce alguien de confianza y si se ha ensayado antes de necesitarlo. Lo ideal es prepararlo con un profesional. Estos son sus pasos:

  • Define tu objetivo y qué considerarás un desliz y qué una recaída.
  • Repasa recaídas anteriores: ¿qué pasó en las 72 horas previas? Personas, lugares, emociones, sueño, dinero, discusiones, dolor, pensamientos.
  • Haz tu semáforo. Verde: rutinas estables. Ámbar: aislamiento, insomnio, citas perdidas, nostalgia del consumo, deseo. Rojo: buscar la sustancia, tener un plan concreto, haber consumido.
  • Prepara respuestas «si… entonces…». Por ejemplo: «Si me ofrecen, diré mi frase ensayada, me iré y llamaré a…». «Si aparece el deseo, esperaré 20 minutos lejos del dinero y de la sustancia, cambiaré de sitio y llamaré a…».
  • Elige tres contactos: una persona cercana, un profesional o centro y un recurso fuera de horario (por ejemplo, el 012). Apunta nombre, teléfono y orden de llamada.
  • Protege tu entorno: retira sustancias y utensilios, bloquea contactos de suministro, cambia rutas y limita por un tiempo el efectivo.
  • Mantén una rutina mínima diaria: horarios de sueño, comidas regulares, algo de actividad física, algo que te guste, contacto con alguien y una tarea con sentido.

Qué hacer tras un desliz

Si ya ha ocurrido, actúa enseguida:

  • Para y ponte a salvo: aléjate de la sustancia, no conduzcas y no mezcles.
  • Avisa ya a tu persona de apoyo y a tu profesional: un desliz escondido tiene más tiempo para convertirse en recaída.
  • Llama al 112 si hay pérdida de conciencia, dificultad para respirar, convulsiones, dolor en el pecho, agitación extrema o riesgo de hacerte daño.
  • No te automediques ni dejes de golpe el alcohol o los tranquilizantes por tu cuenta.
  • Vuelve al tratamiento en las siguientes 24 horas.
  • Analiza lo ocurrido sin castigarte: qué pasó antes, qué pensaste, qué sentiste. Conserva lo que funcionó y cambia el punto débil.
  • Refuerza el plan: más contacto con tus apoyos por un tiempo y un siguiente paso concreto.

Qué dice la evidencia

Ningún modelo sirve igual para todos, pero estos son los que tienen más respaldo, y suelen combinarse:

  • Prevención de recaídas de Marlatt y Gordon: trabaja las situaciones de riesgo, el afrontamiento y la respuesta al desliz. Mejora sobre todo el ajuste personal y social.
  • Prevención basada en mindfulness: enseña a observar el deseo sin actuar sobre él; es prometedora.
  • Manejo de contingencias: incentivos por logros comprobables; reduce el abandono del tratamiento en estimulantes.
  • Terapia cognitivo-conductual y entrevista motivacional.
  • El modelo de las etapas del cambio de Prochaska y DiClemente, que ayuda a adaptar la ayuda al momento de cada persona.

Por qué a veces se vuelve a consumir

Más útil que preguntar «por qué he fracasado» es preguntar qué necesidades quedaron sin atender. Suele haber detrás alguna de estas razones, y en todas se puede trabajar:

  • Un tratamiento parcial, que atendió el consumo pero no la salud mental, la vivienda, el trabajo o las relaciones.
  • Solo desintoxicación, sin deshabituación.
  • Un entorno que no cambió: las mismas personas, lugares y rutas.
  • Un problema de salud mental sin tratar.
  • La vergüenza y el estigma, que llevan a esconderse y a no pedir ayuda.
  • Expectativas irreales, como esperar no volver a sentir nunca el deseo.
  • Un plan demasiado general, sin respuestas concretas para situaciones concretas.

Qué puedes hacer hoy

  1. 1Escribe tu semáforo personal: tres señales verdes, tres ámbar y tres rojas.
  2. 2Apunta tus tres contactos con su teléfono y guárdalos donde los veas.
  3. 3Prepara una respuesta «si… entonces…» para tu situación de más riesgo y ensáyala.
  4. 4Hazte hoy la pregunta HALT: ¿tengo hambre, estoy enfadado, me siento solo, estoy cansado?
  5. 5Si has tenido un desliz, llama hoy a tu profesional o a tu persona de apoyo.

Dónde acudir

Ayuda profesional en Rivas, Arganda y Madrid →

Centros públicos, teléfonos y grupos de ayuda mutua.

¿No sabes por dónde empezar?

La parroquia te orienta →

Te escuchamos y te decimos a dónde acudir. Escribe a acogidadeadicciones@gmail.com.

Fuentes